El tiempo me puso en otro lado
Quizás el problema de fondo es que tanto artistas como público terminan atrapados por la misma lógica de consumo. El público exige recompensa inmediata. El músico intenta escapar desesperadamente de ella para demostrar que todavía tiene algo nuevo que decir. Y en esa pelea muchas veces se pierde algo bastante simple: la posibilidad de compartir música sin convertir el concierto en una negociación de expectativas.