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La ley australiana contra las redes sociales que los adolescentes aprendieron a burlar

Más allá de cómo los adolescentes se están saltando los mecanismos de verificación de edad —pintándose bigotes falsos, por ejemplo—, la presión de grupo también está impidiendo que menores de 16 años abandonen las redes sociales. Con todo, hay experiencias que sugieren que el experimento australiano podría funcionar mejor para la siguiente generación.

Los ojos del mundo —especialmente los de padres, madres o tutores de niños— se situaron en Australia en diciembre del año pasado, cuando se aprobó la legislación digital más restrictiva de la que se tenga registro: los menores de 16 años ya no podrían acceder a redes sociales.

La normativa pretendía cumplir ese ambicioso objetivo mediante controles de identidad más estrictos. Vale decir, que en lugar de ingresar una fecha de nacimiento inventada que era aceptada por la plataforma sin mayores miramientos, las empresas debían estimar la edad de sus usuarios mediante una fotografía de su rostro. Para ello debían conectar el perfil a una cuenta bancaria o a través de aplicaciones de terceros encargadas de verificar la edad como Yoti que, a su vez, crea una especie de documento digital de identidad a partir de uno físico y real.

A seis meses de su entrada en vigencia, no obstante, el modelo australiano comienza a mostrar sus primeras grietas. La Comisión de Seguridad de Internet de Australia —el organismo regulador encargado de monitorear esta ley— reveló en marzo que 7 de cada 10 padres reconocieron que sus hijos logran burlar los filtros de edad y usar sin problemas las redes sociales.

Fotografías de adultos —un niño imprimió una imagen de Michael Jackson para burlar el sistema y lo logró, según un reportaje de ABC—, los perfiles de sus padres o hermanos a los que tienen acceso, VPNs que ocultan la ubicación geográfica del usuario y bigotes dibujados en sus rostros son algunos de los mecanismos con los que los niños han podido eludir la verificación de edad. En otros casos, sus perfiles ni siquiera fueron eliminados o tras una breve interrupción, pudieron seguir accediendo a redes sociales como Instagram o Snapchat.

El mundo y su cruzada contra las redes sociales

Pese a que sus fallas ya se conocen, el mundo político sigue mirando el modelo australiano para dar respuesta a padres o comunidades escolares preocupadas por la adicción o los riesgos que derivan de las redes sociales.

Fue así como a mediados de junio, Reino Unido anunció que impulsaría un proyecto similar al de Australia. E incluso elevó la apuesta al querer incorporar “toques de queda digitales” nocturnos para mayores de 16 y la prohibición total de acceder a redes sociales, sitios de streaming, videojuegos en línea y chatbots románticos a menores de 16 años.

Si bien el entonces primer ministro, Keir Starmer, reconoció las grietas de la ley australiana, dijo que una comisión las estudiaría para poder hacerles frente de mejor manera. “No dejamos de prohibir el alcohol porque algún menor sea capaz de comprar bebida“, dijo.

El resto del mundo se ha movido en una dirección similar. En Chile, por ejemplo, el presidente José Antonio Kast anunció la preparación, con el asesoramiento de una mesa técnica, de un proyecto de ley bautizado como Entornos Digitales Seguros, para que menores de 16 años no tengan perfiles en redes sociales sin la autorización de sus padres, que toma de inspiración el caso australiano.

Así, según un recuento realizado por The New York Times, más de una decena de países ha impulsado legislaciones similares a las de Australia con diferentes rangos de edad, la gran mayoría de ellas aún en discusión o bajo una implementación más reciente. En China, por otra parte, desde 2023 que, sumado a su “gran cortafuegos” que bloquea redes sociales extranjeras, se restringió el uso a un máximo de dos horas al día para adolescentes de entre 16 y 17 años. Luego de ese plazo, que va disminuyendo según la edad, se bloquea el acceso.

Las experiencias fallidas en Australia y la apuesta por el cambio cultural

Más allá de las formas en que los adolescentes y niños han encontrado en Australia para burlar la ley, sus padres han advertido otros riesgos. Un padre entrevistado por The Guardian relató que su hijo continuó usando Youtube, pero sin registrarse. Esto, a su vez, derivó en que el padre ya no tenga una cuenta a la que vincular aplicaciones de control parental para monitorear qué está viendo su hijo.

Otros testimonios recogidos por The New York Times al respecto dan cuenta de que los adolescentes se sienten especialmente aislados con la normativa, ya que, por ejemplo, en los viajes en autobús a sus escuelas, sus compañeros van revisando sus redes sociales y ellos no, porque sus padres decidieron acogerse a la ley. Lo mismo sucede después de clases y los fines de semana. Por ende, varios terminan cediendo ante la presión de grupo y las ansias que tienen a esa edad por pertenecer.

Sin embargo, padres con hijos de diferentes edades tienen una mirada más optimista, pues la legislación ha funcionado mejor con sus hijos más pequeños y por ello, guardan esperanzas en que la ley incentive un cambio cultural gradual. “Es probable que la prohibición retrase su primer uso”, dijo una madre a The Guardian sobre su hijo de 13 años

“La prohibición les ha hecho ver a mis hijos que hay razones de peso por las que los jóvenes deberían desconfiar de las redes sociales. No es solo que su madre sea mayor y no lo entienda. Se han reducido las discusiones“, relató una madre de Melbourne al citado medio.

Naomi Parrish, una madre de un niño de 12 años, confesó a The New York Times que con la ley puede mentirle a su hijo diciéndole que los multarán si descarga TikTok. Algunas madres han formado vínculos con otras que tampoco desean que su hijo use redes sociales para que entre ellos realicen actividades recreativas sin pantallas, esperando que la presión por utilizar las plataformas sea cada vez menos intensa.

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