Al empujar la candidatura de Michelle Bachelet sin construir apoyos transversales y confrontando a figuras clave como Donald Trump y José Antonio Kast, el gobierno de Boric convierte una definición internacional compleja en un conflicto ideológico con altas probabilidades de fracaso.
Boric nunca fue capaz de comportarse a la altura del cargo que ocupó. Y no sólo no estuvo a la altura, sino que lo degradó. Se acostumbró a torcer la realidad, inventándose una propia.
El sur de Chile clama por una solución desde hace demasiado tiempo. No pide privilegios ni tratamientos especiales. Pide lo básico. Seguridad, presencia del Estado, reglas claras, protección efectiva para quienes quieren trabajar y vivir en paz. Lo mismo que exige el norte. Lo mismo que cualquier sociedad que aspire a ser justa y viable.
El Frente Amplio hizo del cinismo una forma de acción. Prometieron ética y entregaron desorden. Prometieron sensibilidad y exhibieron frivolidad. Prometieron competencia y ofrecieron improvisación. Cada error fue relativizado, cada fracaso maquillado, cada contradicción explicada con arrogancia. La autocrítica nunca existió, porque para ellos el problema siempre fue externo.
La captura de Nicolás Maduro deja al desnudo la responsabilidad política de una izquierda que durante años relativizó, silenció o defendió una dictadura. La izquierda latinoamericana decidió que el sufrimiento de millones era un costo aceptable para sostener un relato estúpidamente romántico. Con esa conducta, dejó la mesa servida para que otros actuaran.
Chile no necesita más comisiones. Necesita más Dorothy Pérez. Más funcionarios que no miren para el lado. Más servidores públicos que no se hagan los lesos. Más gestión silenciosa y menos retórica vacía.
La reaparición de Karamanos no es anecdótica. Es reveladora. Nos recuerda, justo al final, qué fue el Frente Amplio. Un gobierno más atento a los símbolos que a los resultados. Más preocupado de verse bien que de hacerlo bien.
El Frente Amplio llegó prometiendo terminar con los abusos. Se va dejando uno nuevo, masivo y estructural. Llegó denunciando las “agencias de empleo” del pasado. Se va convertido en la más grande de todas.
En el debate decisivo, a seis días de la elección, Jara no pudo contener el impulso natural de volver a su eje político. Bastó escuchar el nombre de María Corina Machado para que se le escapara lo que realmente piensa.