Apuntes musicales sobre Viña 2026
Viña 2026 dejó menos respuestas sobre el futuro que certezas sobre el presente: la música popular avanza no solo creando sonidos nuevos, sino reinterpretando su propia historia.
Viña 2026 dejó menos respuestas sobre el futuro que certezas sobre el presente: la música popular avanza no solo creando sonidos nuevos, sino reinterpretando su propia historia.
La colaboración entre Sting y CA7RIEL & Paco Amoroso muestra cómo cambió la música: ya no manda la edad ni el prestigio, sino la capacidad de conectar y circular en la era digital.
Bad Bunny no es simplemente “el latino más grande del mundo”, una categoría que siempre suena secundaria. Está jugando otra liga: la de las figuras que definen época.
El anuncio de un cartel encabezado por Travis, junto a una nutrida presencia de artistas nacionales relevantes, ratifica una línea curatorial que el festival ha ido afinando con los años.
En 1976, el mundo parecía haber perdido su centro. Las promesas de los 60 ya no convencían, el optimismo se había vuelto ingenuo y la idea de progreso empezaba a crujir. La música de ese año no vuelve como archivo ni como fetiche: vuelve porque el clima emocional es inquietantemente parecido.
Queda entonces la pregunta inevitable: ¿de qué estaría hablando Bowie hoy?, ¿qué tipo de música estaría haciendo frente a un mundo polarizado, saturado de ruido, de verdades instantáneas y emociones administradas por algoritmo? Tal vez no tendría respuestas. Pero seguro estaría mirando donde duele, donde el lenguaje empieza a fallar, donde el presente se vuelve frágil.
Lo que duele y conmueve es que Lui Alberto Martínez se va justo cuando esa estética vuelve a ser valorada sin pedir perdón. Bloque Depresivo es el síntoma más visible: llenan, convocan, hacen coro colectivo con el melodrama que antes se escuchaba a escondidas. Cantan desde el mismo árbol genealógico: la pena como celebración comunitaria, el drama como lugar de encuentro.
Que en 2025 la canción más escuchada del mundo haya sido una que no responde a las modas no contradice el dominio del pop urbano ni del rap, sino que lo complementa y lo explica mejor.
Ahí está el fenómeno: canciones que no se presentan, no se explican, no piden permiso. Simplemente vuelven. Y lo hacen desligadas de su autor, de su época y, muchas veces, de su historia. El hit de Internet no se reconoce por quién lo canta, sino por haber sido viral.
Dicho eso no pretendo evangelizar a nadie. No vengo a dictar cátedra ni a levantar un tótem. Simplemente me animo, en este momento del año tan dado a los balances, a hablar de un disco. No el disco. Mi disco. El que, sin avisar, fue compañía, refugio y espejo. En mi caso, ese viaje personal tuvo nombre propio: Twilight Override, de Jeff Tweedy.