Desde el punto de vista de la nueva izquierda en que fue criado, Boric fue desde el primer día una decepción. No era del pueblo, ni jugaba del todo a serlo. No era insolente y tampoco jugaba a serlo. No era un rebelde, y su vistosa falta de corbata no engañaba a nadie. Cuando asumió, hace cuatro años, ya parecía lo que es y lo que fue: un estudiante deseoso de aprender. Un poco torpe, pero finalmente bien intencionado. El presidente moviendo las manos, poniéndolas en el corazón, guiñando el ojo a los amigos presentes en la sala el 11 de marzo del 2022 ya revelaba quizás algo de su debilidad esencial. Ese lenguaje de campamento universitario en el Congreso pleno de la República fue un resumen y una señal del delirio de pureza que emborrachó a su generación.
Milei era en esta ceremonia un invitado más, pero terminó siendo algo más: una tentación, un espejo y un delirio. Lo que vimos en el Congreso ese día no fue solo diplomacia ni protocolo. Fue fanatismo.
Kast puede ser mesiánico pero no está loco, aunque ha cometido estas semanas la locura de abandonar su temple para ajustarse al guion de Trump. Pero para hacer las cosas como Trump hay que ser Trump, o ser Milei y vivir en un país desesperado.
Lo cierto es que el ministro no hizo casi nada de lo que pueda avergonzarse. Chile tiene perfecto derecho, diría incluso que el deber, de negociar con China sin dejar de hacerlo con Estados Unidos. Lo entiende a la perfección Fernando Barros, el nuevo ministro de Defensa, cuyo estudio de abogados constituyó en Chile la sociedad filial de China Mobile y le prestó su domicilio legal, sin que nadie en el futuro gobierno de Kast considerara eso una traición ni una ingenuidad.
¿Por qué pelean tanto los escritores? ¿Por qué su manera de amarse es odiarse? Los escritores de otros países siempre destacan a Chile como un lugar en que es casi imposible cerrar una lista de invitados a cualquier comida sin que uno u otro se ofenda mortalmente. Pero lo cierto es que la historia de la literatura fuera del endogámico panorama chileno no está libre nunca del todo de cachetadas y escupitajos.
No fuimos gobernados por ladrones ni por dementes, sino por soberbios que aprendieron tarde su lección. Todo pudo ser mucho peor. Y también mucho mejor.
Más que una apuesta ideológica, el dúo Jadue-Gutiérrez funciona como espectáculo: ruido, escándalo y símbolos que circulan en redes, pero que rara vez se traducen en poder real.
Iván Poduje entendió rápidamente que la gente allá afuera no quiere expertos gentiles que moderen el debate, quiere guerreros que nombren sus frustraciones sin rodeos y que señalen culpables. Por eso habla más fuerte que otros, más elocuentemente, con más datos y más confianza, pero corre el peligro de no escuchar a nadie más, de convertirse en ese monólogo brillante que nadie puede interrumpir.
¿Por qué no nos apasiona el caso de la muñeca bielorrusa? La novela, si esto lo fuera, tiene una trama complicada llena de subtramas pero no deja de tener un personaje apasionante en el centro: Ángela Vivanco. Ella debería bastar para seguir la historia, que además involucra parejas de hecho, parlamentarios y abogados bocones.