Gonzalo Arenas: el volcán y el sosiego
Arenas sabe comunicar, sabe pensar, sabe de política y sobre todo sabe de historia. Nada de eso es innecesario. Es lo que este gobierno necesita con urgencia.
Arenas sabe comunicar, sabe pensar, sabe de política y sobre todo sabe de historia. Nada de eso es innecesario. Es lo que este gobierno necesita con urgencia.
A nuestro columnista le tocó acompañar y entrevistar al escritor francés en su breve paso por Santiago, al que vino invitado por la UDP. Aquí cuenta cómo fueron sus días junto al autor de El Reino, Limonov y Koljós, los innumerables llamados de terceros para poder conocerlo o que les facilitara obtener la firma de un libro, y sus propias dudas a la hora de compartir con uno de los personajes más enigmáticos del mundo de las letras.
El estallido es una posibilidad que nos dimos de hacer que todo volara por los aires, basada en la confianza de que a la larga todo iba a volver a su lugar. No sucedió y aprendimos la lección.
Culpar al Gobierno del alud que afecta a la comuna donde tiene a sus electores más seguros, y donde viven muchos de sus ministros y funcionarios, sería de una mala fe increíble. Pero son pocos los que han pensado que este gobierno de emergencia, que ha cumplido tan pocas de sus promesas, ha sido escrupuloso en cumplir con esta: regalarnos emergencias.
Puede que esta vez de nuevo sienta que es ella o la nada, que una vez más sienta que debe servir a los que ama y darles voz a los que se están quedando sin voz. Creo que sería un error trascendental, tanto humano como político, pero es difícil, tanto en lo humano como en lo político, descartar ese error.
A propósito de un par de libros —de Joaquín Edwards Bello y José Donoso— nuestro columnista intenta resumir lo que fuimos, lo que somos, pero, sobre todo, lo que no somos.
La política abiertamente agresiva e ideológica con la que el presidente quiere hacerse cargo del escenario internacional choca con la aparente serenidad del ministro, que no quiere quedar mal con nadie, pero tampoco sabe cómo quedar bien. Entonces hace las dos cosas: queda mal con sus huestes y mal con los partidarios de la tradicional política de no injerencia de la diplomacia chilena.
Lo que Milei improvisa a los gritos, en Kast es doctrina de toda una vida. Uno inventa un enemigo por semana; el otro tiene el mismo, sin variaciones, desde la infancia. Milei es el fuego que ilumina y se apaga. Kast es la brasa que no se ve, pero dura.
Ocho años en Maipú son muchos años para alguien que decía venir de paso, y el arenal, que iba a ser apenas un laboratorio de buenas intenciones, terminó siendo el lugar donde Vodanovic aprendió lo que ningún cursillo de Georgetown enseña: que el poder municipal, bien administrado, es la antesala más discreta y más eficaz hacia el poder de verdad.