La pena que nadie les rebaja
Gobernar exige gestionar bien los recursos, apegarse a la ley, ponerse en el lugar del otro antes de firmar un decreto, algo que ha faltado en estos casi ocho meses de Gobierno y que este caso dejó en evidencia.
Gobernar exige gestionar bien los recursos, apegarse a la ley, ponerse en el lugar del otro antes de firmar un decreto, algo que ha faltado en estos casi ocho meses de Gobierno y que este caso dejó en evidencia.
Mientras cuidar le cueste a una mujer su autonomía económica y su vejez, seguiremos llamando amor a la falta de alternativas. ¿Cuántas de las cosas que hacemos “por amor” las hacemos realmente porque elegimos hacerlas, y cuántas hacemos porque la sociedad nos enseñó que nos corresponde?
¿Es una motivación personal de Alexandria, camino a la Casa Blanca, o es una causa progresista más, en la línea de lo que ya impulsó con el New Green Deal o Medicare para Todos, pensada esta vez para masificar el derecho a congelar óvulos e incorporarlo a la salud pública?
La gran pregunta que nos arroja esta Erin 2.0 es: ¿quiénes son sus sucesoras hoy? ¿habrá suficientes voces para enfrentar a empresas que, amparadas en la falta de regulación y en la excusa del desarrollo económico, se instalan en nuestro país y en el resto del mundo?
No es un matiz, es una deuda. Y que quede dicho de una vez, sin metáforas: las mujeres no somos de Marte, Venus u otro mundo y ya es hora de que los medios de comunicación lo entiendan al momento de buscar la noticia.
Digámoslo sin eufemismos: a Mara no le perdonaron que fuera mujer. Desde que tenía el pelo desgreñado, se vestía mal (¿qué significa vestirse mal digo yo?), hasta que se quería parecer a la vocera del gobierno anterior, como si hubiera un solo molde posible para ejercer ese cargo siendo mujer.
No hace falta llegar al Congreso para hacer política. Se hace cuando se hereda el compromiso de una madre, cuando se decide no mirar para el lado frente al dolor del vecino, cuando se sostiene una organización por años sin que nadie lo aplauda.
Es sabido que la agenda LGTBIQ+ ya está instalada en la opinión pública y que se traduce en las más variadas acciones que realiza el Estado para evitar la discriminación. Y no es exclusivo del sector público, la empresa privada a su vez la adoptó como estrategia de inclusión y reputación.
Mientras, sigamos copando espacios de debate y alzando la voz. La agresión sexual no se puede normalizar, ni como herramienta de “sextorsión” ni como venganza, menos como argumento político, porque ahí no pierden solamente las mujeres, perdemos todos cuando la discusión se envilece, la sociedad se deshumaniza y la verdad se cubre de un velo de morbosidad y desinformación.
Hoy Chile tiene no una, sino varias generaciones perdidas. Y si queremos entender su magnitud, hay que empezar por reconocer que no todas las infancias ni adolescencias se pierden de la misma manera. Lo hacen según el barrio donde nacen, el colegio al que pueden acceder, y también —de manera profunda y persistente— según el género con que atraviesan el mundo.