Gobernar mirando para atrás
Los chilenos eligieron al presidente Kast precisamente porque querían terminar con el ciclo anterior: ese mandato está dado y no requiere reafirmación permanente.
Los chilenos eligieron al presidente Kast precisamente porque querían terminar con el ciclo anterior: ese mandato está dado y no requiere reafirmación permanente.
Los parlamentos se fragmentan porque proliferan identidades que prefieren diferenciarse antes que integrarse. El poder ejecutivo pierde capacidad de articulación porque cualquier acuerdo erosiona su legitimidad interna. La política deja de premiar la síntesis y comienza a premiar la intransigencia.
El gobierno de José Antonio Kast se ha definido como un “gobierno de emergencia”. La apuesta es coherente con el diagnóstico global y se diferencia del ciclo anterior.
El desafío del presidente electo no es gestionar expectativas. Es materializar el arco narrativo que construyó. El "gobierno de emergencia" no puede ser solo un eslogan de campaña; tiene que expresarse en la agenda desde el primer día: en los anuncios, en las pautas, en las imágenes, en el ritmo de las decisiones.
Con el anuncio del gabinete, el debate sobre el próximo gobierno busca instalarse en torno a una alarma recurrente desde la lógica opositora: los conflictos de interés.
Si el progresismo concluye que gobernar fue solo un paréntesis incómodo entre dos momentos de oposición, no solo habrá perdido el gobierno. Habrá perdido credibilidad histórica. Porque la ciudadanía y sobre todo el votante obligado, no premia la coherencia abstracta. Premia a quienes demuestran que saben resolver problemas. Si la convicción no aprende del poder, deja de ser proyecto y se convierte en refugio.
Gobernar un municipio exige eficacia; gobernar un país exige, además, conducción política, negociación de intereses y capacidad de disputar un rumbo. El alcalde ejecuta; el presidente arbitra conflictos nacionales y toma decisiones estructurales. El primero acumula aprobación ciudadana; el segundo debe construir mayorías. En ese tránsito, algo se quiebra.
La derrota del oficialismo es también una derrota política del sector que representa el Presidente Boric. No solo porque pierden el gobierno, sino porque se cierra el ciclo del cual fueron su principal expresión generacional.
El voto obligatorio reconstruyó la forma, pero no el fondo de la democracia chilena. Amplió la base de participación, pero no la de legitimidad social e institucional.
El riesgo es evidente. Si de manera inmediata no logra producir una mejora clara en seguridad, perderá simultáneamente su principal atributo electoral, la cohesión interna de su sector y el respaldo ciudadano. La seguridad no será un tema más de su administración; será la base de su estabilidad política, la herramienta para evitar un clima de malestar social y la condición habilitante para cualquier agenda adicional que busque impulsar desde La Moneda.