¿En qué momento se jodió Francia?
Lo ocurrido este fin de semana debería preocuparnos también desde Chile, donde conocemos demasiado bien la tentación de romantizar la violencia cuando parece servir a una causa que consideramos justa.
Lo ocurrido este fin de semana debería preocuparnos también desde Chile, donde conocemos demasiado bien la tentación de romantizar la violencia cuando parece servir a una causa que consideramos justa.
Lo inquietante es que hayamos empezado a confundir con tanta facilidad escuchar con aprobar. Invitamos a una escritora a un festival y, de pronto, parece que su presencia certificara cada una de sus opiniones. Como si sentarse frente a alguien, escuchar sus argumentos y eventualmente contradecirlos fuera una forma de adhesión.
Porque extender la existencia puede ser un triunfo científico extraordinario, pero si para conseguirlo tenemos que pasar décadas estresados, solos y obsesionados con optimizarnos, sería razonable preguntarse qué estamos tratando exactamente de prolongar.
Para destinos emergentes, esta exposición puede ser invaluable. Sin embargo, la notoriedad se desvanece rápidamente si no existe una estrategia posterior. La curiosidad generada por el fútbol debe transformarse en contenidos turísticos, campañas culturales, presencia diplomática, alianzas comerciales y experiencias digitales que permitan descubrir el país más allá de su selección.
Demonizamos con facilidad una copa de vino chileno, pero parecemos mucho menos alertas frente a productos psicoactivos que pueden parecer dulces comunes.
Buenos Aires, con todas sus contradicciones, ha entendido algo esencial de la vida contemporánea: las ciudades compiten no solo por inversiones, turistas o talento, sino por imaginarios. Y en esa competencia, la autoestima importa. Importa cómo una comunidad se mira, cómo se nombra, cómo ocupa sus muros, sus calles y sus campañas. Importa si una reparación urbana se comunica como molestia o como parte de una ciudad que se quiere a sí misma.
Volver sobre la vida de Marcelo Calderón para escribir El último traje fue una experiencia profundamente emocional. Porque detrás de la figura pública del empresario había también un hombre lleno de contradicciones, obsesiones, silencios y una capacidad poco común para observar cómo cambiaba Chile.
Si algo ha caracterizado históricamente la política exterior chilena es su inclinación a capitalizar los espacios de influencia disponibles. Aquí, en cambio, hay una suerte de contención. Tal vez por cálculo político interno, tal vez por diferencias de fondo, o tal vez por una incomodidad más difusa: la de ver a una figura con peso propio desplegándose en un escenario donde el control ya no pasa por La Moneda.
Si el combate al racismo aspira a ser consistente, debiera sostener un principio más exigente: que ninguna forma de odio basada en la identidad, sea cual sea su dirección, puede quedar fuera del campo de atención. Lo contrario no solo debilita la coherencia del discurso, sino que abre espacios de ambigüedad que terminan siendo funcionales a aquello que se busca combatir.
La evolución del conflicto entre Israel, Irán y sus aliados sigue abierta. Una escalada regional, un reequilibrio estratégico o un prolongado conflicto de baja intensidad son escenarios plausibles. Lo que resulta claro es que la comprensión de este tablero exige más que consignas o juicios morales absolutos: requiere análisis estratégico, memoria histórica y sentido de responsabilidad internacional.