La fantasía restauradora
El presidente Kast ha lanzado la idea de “reconstrucción nacional” a modo de una “refundación” de Chile. El tema es si esa refundación es una transformación o es revivir el pasado de una capitanía general.
El presidente Kast ha lanzado la idea de “reconstrucción nacional” a modo de una “refundación” de Chile. El tema es si esa refundación es una transformación o es revivir el pasado de una capitanía general.
El presidente fue elegido para satisfacer dos objetivos cotidianos (bolsillo y seguridad) que la sociedad le confió, y para eso debe darse cuenta que para transformar lo imprescindible es necesario evolucionar.
Al presidente, y por un error no forzado, se le acabó muy rápido la luna de miel por no darse cuenta, simplemente, que al momento de intentar fortalecer el poder necesita de un apoyo incondicional de los “amigos” y de un acuerdo de no agresión de los opositores. El manejo de la situación como un jefe de familia no es el mismo que debe abordar como un jefe de Estado. Cosas que suceden por cuestiones de experiencia y sentido común.
Antes que nada, lo más destacable de este nuevo cambio de mando es precisamente eso: Un nuevo cambio de mando en democracia, la que parece tan frágil en este mundo pero que en Chile parece estar intacta. Esperemos que el nuevo presidente, más allá de su predilección por el modelo pinochetista, la pueda defender como lo han hecho sus antecesores.
China o Estados Unidos, el huevo o la gallina. Los imbéciles plantean la dicotomía cuando, quienes se dan cuenta, saben que ambos extremos se constituyen mutuamente, más aún en un país que debe tener claro cuáles son sus intereses para evitar ese vaivén absurdo de amigos o enemigos.
La figura de Kast pareciera encajar en esta etapa en la que, en términos de Nietzsche, aparece quien afirma la vida con sus propios valores y voluntad de poder, es decir, el superhombre.
No todo es seguridad y bolsillo, porque Chile necesita sostener el posicionamiento país en un mundo diferente al que era hace sólo un par de años atrás.
En un mundo nuevamente organizado en bloques de poder, donde la soberanía plena parece una quimera, los países menos influyentes enfrentan una disyuntiva incómoda: alinearse con inteligencia o quedar atrapados en discursos épicos sin capacidad real de decisión. ¿Cuál será el camino que elija Chile?
Con una sociedad dividida entre entusiasmo, cautela y alerta, José Antonio Kast inicia su camino a La Moneda enfrentado a la pregunta clave del poder: gobernar para los propios o transformarse para sostener acuerdos, estabilidad y futuro.
Que sea presidente y que no agite durante su gobierno banderas ideológicas al modo de un candidato en eterna campaña y que abandone el discurso separatista de los extremos, es decir, que no le hable solo a una parte de la tribuna e insulte a quienes no están de acuerdo.