Lo que Milei improvisa a los gritos, en Kast es doctrina de toda una vida. Uno inventa un enemigo por semana; el otro tiene el mismo, sin variaciones, desde la infancia. Milei es el fuego que ilumina y se apaga. Kast es la brasa que no se ve, pero dura.
Ocho años en Maipú son muchos años para alguien que decía venir de paso, y el arenal, que iba a ser apenas un laboratorio de buenas intenciones, terminó siendo el lugar donde Vodanovic aprendió lo que ningún cursillo de Georgetown enseña: que el poder municipal, bien administrado, es la antesala más discreta y más eficaz hacia el poder de verdad.
Según nuestro columnista acabamos de pasar un invierno extremadamente complejo, difícil de llevar, frío como pocos, “ochentero”. Y no sólo por los eventos climáticos…
Sin que nadie se lo pidiera, el ministro Arrau sacó del sombrero una reforma constitucional que logró unir en su contra desde Kaiser a Boric, pasando por Carlos Peña, Bellolio o Matamala. Una reforma escrita con el pie izquierdo, que uno pudiera creer que nació de una borrachera si no supiéramos de los hábitos temperados en cuanto a alcohol y drogas del ministro y el presidente. Tan mal redactada y pensada que dejó al propio gabinete confundido.
Vaya tontería, contesta nuestro columnista, en las antípodas de ese discurso. Es más: asegura que, en un grave error de análisis, la izquierda pretende instalar un concepto peligroso y equivocado sobre Kast que, una vez más, los terminará perjudicando a ellos mismos el actual gobierno?
La Operación Cancerbero es mucho más efectiva que un traslado de presos. No hay en el plan Cancerbero ninguna noticia de fondo. Es un reality show en vivo, una enorme operación de marketing que tiene como objeto adelantarse a la pauta de los matinales, creadores en gran parte de la sensación de inseguridad que nos enloquece, y hacer noticias antes que responder a la noticia.
De espaldas a los datos y a los hechos, pegado a la pantalla, Chile pide eficiencia, diligencia, alguien que llegue temprano y se vaya tarde, que te haga sentir que está a cargo. En eso el príncipe Arrau lo tiene todo para reinar. Veremos cómo asume su corona.
Camila comparte un atributo muy propio de su educación en la Jota: es exacta, fría a veces, poco o nada dada al desborde sentimental. Trabaja todas las horas que hay que trabajar, y si sonríe sabe por qué lo hace, y si deja de sonreír sabe por qué.
Sedini es la mejor vocera que hemos tenido en Chile, pero solo puede trabajar de vocera de sí misma. Su único partido, su única lealtad, es ella y Sin Filtros, que es un espejo en el que se encuentra a gusto.
Las mujeres de este gobierno —ministras y algo más que ministras— no pertenecen del todo a ninguna de las estirpes de las históricas mujeres de derecha. Son hijas de los centros de estudios —de Libertad y Desarrollo, sobre todo, que funciona hace años como la escuela no oficial de la derecha chilena— mateas y posgraduadas, llenas de estadísticas, de políticas públicas, de impecables razonamientos, pero sin demasiada experiencia en el vértigo de las urnas y las estufas a parafina de las juntas de vecinos. Siempre bien vestidas, siempre impecables -aunque ligeramente tímidas- lo tienen todo para brillar, aunque hasta ahora les ha costado tomar decidamente la palabra.