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31 de Marzo de 2025

Viernes Santo y retail: la paradoja de los derechos laborales y la libertad

El debate ha tomado distintas aristas, desde la libertad de culto hasta la eliminación de feriados para transformarlos en vacaciones.

AGENCIA UNO/ARCHIVO.
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Redacción

Reynaldo Lam Peña

Académico de la Facultad de Derecho UDP.

Hace algunas semanas, empresas de retail anunciaron que abrirán sus puertas durante el Viernes Santo. De concretarse, esto implicaría que sus trabajadores deban presentarse, pese a tratarse de un día festivo religioso. Como era de esperar, el anuncio ha causado una polémica importante donde, una vez más, la libertad, el mercado y los derechos laborales quedan bajo escrutinio.

Nadie cuestiona el derecho de los empleadores para organizar su empresa. Más allá de la libertad económica, cuentan con herramientas jurídicas para adaptar la producción a sus intereses. Sin embargo, ¿quién garantiza y protege por la libertad de las personas trabajadoras?

Algunos criterios apuntan a que la libertad de trabajo no debería impedir que éstos decidieran y acordaran con sus empleadores cuándo y cómo trabajar. Sin embargo, la propia historia ha demostrado que, en material laboral, no hay igualdad más lejana que la que existe entre quienes detentan el poder para decidir cuándo y cómo otros deben ejecutar las funciones de su empleo.

La empresa es un espacio donde se materializa la falta de libertades porque responde a quienes controlan los bienes económicos. De modo que aparece un vínculo de subordinación que no se traduce solamente en el espacio del Derecho; sino también, en el funcionamiento de las relaciones sociales entre los ciudadanos y los empresarios, ya que, los primeros quedan sometidos a quienes se distribuyen el control sobre los activos productivos.

Utilizar argumentos para justificar la apertura en un día -tradicionalmente- festivo, asociados a la revitalización del mercado, el consumo o la rentabilidad de la empresa, no hace más que reforzar la visión productiva que informa el mundo del trabajo. El debate sobre la libertad como justificación en este contexto plantea el dilema de si una economía cada vez más industrializada puede ofrecer independencia a todos o solo a algunos.

En este caso, los derechos laborales chocan con los intereses del mercado, particularmente, el derecho al descanso. Su reconocimiento permite proteger la salud, la seguridad y contribuye a que las personas puedan conciliar vida laboral, personal y familiar. En otras palabras, el descanso permite garantizar la dignidad de los seres humanos.

El debate ha tomado distintas aristas, desde la libertad de culto hasta la eliminación de feriados para transformarlos en vacaciones. No obstante, todas giran en torno a la contradicción entre las libertades, tanto económica como personal. Si las sociedades organizan únicamente sus intereses en función de la economía –y no quiero decir que no sea importante atender a las políticas económicas que conectan con el disfrute de otros derechos y el bienestar de la ciudadanía- las empresas reforzarán esta lógica, profundizando la dependencia de los trabajadores en lugar de protegerlos.

El conflicto puede resolverse legalmente, definiendo si el descanso en feriados no irrenunciables es obligatorio o si constituye un derecho tácito adquirido con el tiempo. Sin embargo, la reflexión tributa a la forma en que se conectan en las sociedades, principalmente las empresas y la economía. Los debates académicos han presentado estudios que analizan los efectos de la relación entre la productividad y el trabajo. Si la productividad continúa en el centro de los condicionamientos humanos, los derechos laborales atentarán contra los intereses de los empresarios y el conflicto continuará.

Abandonar la solución a estos conflictos sociales en el libre acuerdo entre el empleador y los trabajadores y trabajadoras no es más que un espejismo de igualdad que, en el espacio laboral es una ficción incuestionable. El trabajo es esencial para la sociedad, pero no debe supeditarse al mercado. La esencia puede ser una organización social inclusiva que permita colaboración y una convivencia que organice el trabajo en torno a actividades que sean significativas para los seres humanos. Si se piensa de esta forma, quizás en esa ocasión no sea necesario siempre trabajar en días que la sociedad reconoce como festivos, y la paradoja entre los derechos laborales y la libertad se reduciría.

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