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Ética del cuidado y la lógica de la hospitalidad, a propósito de la migración

Este mes se conmemora el Día internacional de las Personas Migrantes, oportunidad para analizar el contexto nacional en torno a la movilidad humana, desde cómo va cambiando nuestra cultura hasta las herramientas jurídicas con las que contamos, entre las que destaca, por su necesidad y trascendencia, el proyecto de Ley de Inmigración y Extranjería.

Señor director:

La movilidad constituye un principio humano. Ninguna época, cultura o territorio ha estado exento de la trashumancia, bien sea por alcanzar mejores condiciones de vida, necesidad, superación o miedo. Moverse ha sido, es y será, una expresión de supervivencia. No obstante, la humanidad se sostiene sobre principios olvidados, pese a que posibilitan su mantenimiento como especie. Uno de ellos es el cuidado, conformado por la cadena de actos humanizantes que garantizan nuestro estar en el mundo. Cocinar, barrer, gestar, curar y hasta regar una planta son actos cuidadosos no reconocidos e invisibilizados. El segundo es la hospitalidad, esa mítica que nos permite colocarnos en el lugar del otro y entender que también es parte de mí y que el mundo no tiene por qué ser “ancho y ajeno” como dijo Ciro Alegría.

Este mes se conmemora el Día internacional de las Personas Migrantes, oportunidad para analizar el contexto nacional en torno a la movilidad humana, desde cómo va cambiando nuestra cultura hasta las herramientas jurídicas con las que contamos, entre las que destaca, por su necesidad y trascendencia, el proyecto de Ley de Inmigración y Extranjería, el cual ojalá esté atravesado por la ética del cuidado y la lógica de la hospitalidad.

Nairbis Sibrian,

Coordinadora de Investigación

Facultad de Comunicaciones Universidad del Desarrollo





Chile y la política de la placa sobre placa

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Hoy miramos atrás y la pregunta es inevitable: ¿podemos recuperar ese orden perdido, esa institucionalidad que alguna vez fue motivo de orgullo? La respuesta no está en refundar todo de nuevo ni en abrazar los extremos —ya sabemos a dónde llevan esos experimentos—, sino en recuperar la seriedad de la política, la responsabilidad en el uso del poder y la confianza en que las reglas están para cumplirse, no para acomodarse al humor del día.

{title} Williams Valenzuela